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Qué es eso del apego

Qué es eso del apego

Hay pocas cosas más tiernas que la imagen de un recién nacido en brazos de su madre. Viendo a ambos se diría incluso que la necesidad del uno por el otro se reparte a partes iguales, aún siendo uno de ellos un ser completamente indefenso y el otro un adulto preparado y maduro. Sin embargo, esos momentos de máxima demostración de amor los racionamos, los repartimos, los entregamos con cuentagotas. La sociedad en la que vivimos nos ha hecho –en esto también- alejarnos de los comportamientos más naturales. Los rígidos usos y costumbres sociales entran -como no podía ser de otra forma- en nuestra crianza de los hijos y nos limitan sin darnos cuenta el tiempo que debemos estar unidos a ellos. Porque tener al hijo a nuestro lado no es lo mismo que tenerlo sobre nosotros en nuestros brazos. Diversos estudios indican que el bebé necesita ese contacto con sus padres (especialmente con la madre en las primeras etapas) y sin embargo, seguimos separándoles de nosotros con multitud de inventos que con la excusa de facilitarnos la vida, lo que consiguen es que el bebé pierda parte de ese necesario contacto íntimo con su madre. El metro que separa a ambos cuando se transporta a un bebé en su carro es todo un mundo para sus necesidades emocionales y psicológicas.

¿Qué es el apego?

A raíz del descubrimiento de esta necesidad de mantener este contacto directo con el bebé surge la llamada Teoría del Apego. Se denomina apego al vínculo emocional que desarrolla el niño con sus padres y que permite al niño cubrir sus necesidades emocionales. Esta teoría sostiene que elementos como la ansiedad, seguridad o miedos del niño están directamente relacionados con la accesibilidad que tienen a sus padres o figuras de referencia emocional. El apego se produce en otras muchas especies animales, debido a que la dependencia y la protección son un comportamiento animal básico que pretende asegurar la supervivencia de la especie.

La sociedad nos ha separado físicamente de los hijos

Hoy día estamos acostumbrados a ver cochecitos de niño. Sofisticados, llenos de comodidades, ajustes e incluso algunos con ciertos avances tecnológicos, este tipo de transporte es reciente en nuestra sociedad y se remonta al siglo XVIII. Los primeros carritos de niño eran una demostración de rango social y tan sólo la gente adinerada podía permitírselos. Llevar a los hijos en un coche era por tanto, símbolo de distinción social. La mayor industrialización y la generalización del trabajo por parte del hombre y de la mujer propiciaron posteriormente que las mujeres tuvieran que acceder también a este nuevo medio de transporte de los niños, que se convirtió en lo habitual.

Hoy día, nadie concibe no tener un carrito para el bebé, relegando el porteo a una minoría que la sociedad no duda en etiquetar equivocadamente como una tendencia de origen hippie o alternativa. El porteo se ha perdido definitivamente en la evolución de nuestra sociedad, y es sin duda uno de los elementos clave en el desarrollo emocional del bebé y de apego con sus personas de referencia (habitualmente sus padres, y dentro de estos, sus madres). Portear no es por tanto, cogerlo cuando llora o llevarle encima de un lado a otro de la casa. El porteo implica llevar siempre a los bebés encima, del mismo modo que lo hacían en otras culturas ancestrales hace miles de años. Sólo de ese modo mantenemos y afianzaremos los vínculos emocionales de apego con el bebé.

El bebé nos necesita

Esta frase, con la que todos estamos de acuerdo, cobra más protagonismo para quienes defendemos la crianza con apego, al ser esta la única forma de mantener un contacto mucho más intenso con el niño, que necesita no sólo ser protegido y abrazado cuando nos reclama, sino también notar que estamos permanentemente a su lado. El contacto corporal es una de las pocas cosas que los adultos descubrimos que producen un claro efecto balsámico y de satisfacción en los bebés. ¿Por qué negárselo y relegarlo a unos pocos momentos al día?

Descubrir el porteo

Muchas madres descubren los efectos balsámicos que produce el porteo y el apego con sus hijos. Y eso les lleva a aplicar la teoría del apego en sus siguientes partos. En mi caso, mi primer hijo con sus continuos lloros me hizo descubrir algo casi por casualidad. Un hijo que llora mucho acaba poniendo a prueba a una madre que en muchos casos, desesperada e impotente, acaba por hacer lo que el instinto y la naturaleza le dicta: coger a su hijo en brazos. Hacer aquel gesto me abrió la puerta a dar el paso hacia el apego, que me quitó nervios y lloros, me dio alegrías y me unió más a mi hijo. Ya mi segundo hijo salió del hospital envuelto en un fular pegado a mi y desde entonces aplico también con él lo que tantas alegrías me ha dado con el primero; el apego me ha permitido tener un vínculo mucho mayor vínculo con ellos y es algo de lo que me siento especialmente orgullosa.

Lo vas a acostumbrar mal

Es frecuente escuchar esta frase dirigida a personas que cogen a sus hijos en brazos con cierta asiduidad. ¿Acaso nuestra sociedad nos ha hecho más fríos? ¿Qué utilidad o beneficio puede tener negar a un bebé el contacto con sus padres cuando este los reclama? “Acostumbrar mal” a un niño significa en realidad, darle lo que necesita: cariño y contacto. Notar que estamos ahí pasa a veces por el contacto directo, máxime cuando el bebé aún ni siquiera puede vernos con claridad. Mantener ese máximo contacto directo con el bebé no sólo es lo natural sino que es lo que este reclama. En una sociedad en la que en otras muchas facetas se está volviendo al gusto por lo orgánico, lo natural e incluso la dieta paleolítica de nuestros primeros antecesores, ¿no es lógico que demos a nuestros hijos la cobertura emocional que requieren? ¿Hay algo más eficaz para tranquilizar a un bebé que tenerlo en brazos?

El porteo como base del apego

Ya has visto que el porteo es un elemento fundamental de una técnica de crianza que es el apego. Pero, aunque no se le debe enseñar a una madre a querer a un hijo, sí que es necesario advertirlas a la hora de escoger las técnicas que usarán para el porteo. Innumerables mochilas y sistemas de porteo son inadecuados para el correcto desarrollo del bebé, y es crucial que sepamos distinguir uno de otro si vamos a tener a nuestro hijo en él durante horas. Estamos acostumbrados a ver muchas imágenes de madres (tanto en la calle como en la televisión y en revistas) que llevan a sus hijos en dispositivos inadecuados. Estar homologado no significa que sea la mochila adecuada. Informarse es clave cuando vamos a tener a nuestro hijo durante mucho tiempo en este tipo de soportes. Sentar al bebé sobre el culo y no cargar el peso sobre otras zonas, mantener una espalda en posición curvada lo más parecida posible a la fetal… son algunos de los muchos condicionantes que debe cumplir una mochila adecuada si queremos iniciarnos en el porteo y la crianza con apego de nuestro hijo. Ayudarte en esto será una de mis misiones con esta web.

Si te gusta lo que lees y crees que el cariño no debe ser racionado en un bebé, sigue leyendo y decídete a practicar el apego; algo que nunca debimos perder en nuestra sociedad y que recupera la tendencia natural de unos padres hacia sus hijos.